sábado, noviembre 11, 2006

Este aburrimiento...

Tiene un una mano un montón de tarjetas de plástico y en la otra el billetero abierto; las mira una a una, por una cara, parece que leyendo atentamente y luego la otra cara. Cada vez que ha repasado la tarjeta la pasa a la parte posterior del montón. Está ensimismada, sentada en el banco de diseño de aluminio, entre paredes de cristal, de la parada de autobús. Goyerri ramonea alrededor y eso me permite contemplarla, con disimulo mínimo: la muchacha es joven, rubia, lleva el body encogido sobre el ombligo, que es la moda y unos vaqueros deshilachados: podría ser mi hija menor o mi nieta mayor, cosas ambas que no tengo. espera el autobús, pienso; está aburrida, pienso. Me alejo de allí pensando en el aburrimiento. Se me ocurre por un instante que podría ser una ladrona echando un vistazo a su botín, pero lo descarto de inmediato: ni mi hija ni mi nieta se dedicarían a semejante oficio; pienso.
Está aburrida, me digo, está aburrida. Me sorprende que no lleve el móvil conectado a la oreja, pero tal vez no tenga a nadie con quien confidencializar y eso, aún mucho más, la hunde en el aburrimiento. O es simplemente una chica solitaria, las hay, tímida, retraída: y está aburrida.
Quien está aburrido, imagino caminando, está dentro de si pero no ensimismado, nadea que es palabra que me han enseñado hace unas entradas en este blog. Nadear es hacer nada, pensar nada, y ser consciente de ello; nada exterior les ocupa, nada exterior les reclama, pero despiertos como están miran sin ver, escuchan sin oir, piensan sin saber y sienten el agobio de nada alrededor y nada en si mismos. Cuando alguien se aburre dice, suele decirlo, que nada tiene que hacer; es consciente piensa de la sensación de inutilidad absoluta, no de si mismo, sino del tiempo que se el escapa sin hacer nada, que no es lo mismo que nada que hacer. Porque se puede huir de esa circunstancia mirando las tarjetas de plástico que llevamos en la cartera o las puntas de los zapatos propios. Hay mil huidas a ningún sitio cuya única misión es acelerar el correr del tiempo en momentos de inutilidad.
Tiene pues el aburrimiento un componente fundamental de tiempo vacío, deshabitado aunque sea nuestro, pues nada hacemos para darle otro valor que el de la biología que se nos pierde. En ese tiempo despojado de todo salvo del respirar aceleramos el paso y corrernos a morir sin percibirlo. El tiempo del aburrimiento nos suicida con lentitud, no diré que nos mata, que la duración va a ser la misma, pero nos suicida porque abandonamos el habitarlo, estemos en el borde de una playa o en una parada de autobús o caminemos por el bosque. El aburrimiento anula una parte vital y nos disuelve; nada de cuanto sucede a nuestro alrededor forma parte de nuestro estar y nada podrá ser nuestro ser. Una persona aburrida es una persona que renuncia a si misma y a llenarse, y por poca importancia que le de, lo que busca es el sucedáneo del ser, otra manera de ser que es no ser.
Probablemente, porque me cuesta recordar, yo me aburría; en otro tiempo de esta misma vida que tengo, que no hay otra, me aburría perdiendo el tiempo, que es frase importante a la que no se le da categoría de tal: perder el tiempo; ¿qué haces? Estoy aquí, decimos, perdiendo el tiempo. Conscientes de estar en un sitio que se determina, pro el acto de estar, un lugar físico, pero perdiendo lo único que tenemos y que llega con la vida y con ella se va: el tiempo. Ah, nuestra duración, tan plena si queremos, tan vacía para muchos que no llegan a percibir como se agota... Aquí, `perdiendo el tiempo, nos dice o nos decimos, o le decimos a otro que nos sorprende en estado de nada. No tengo nada que hacer y por eso me aburro. Cómo si perder el tiempo, dejarlo ir, abandonar al tiempo como abandonar al río que nos lleva, fuera algo que hacer cuando lo que sucede es que estamos en su corriente y cada recodo del trayecto debiera despertar la atención para extremar cautelas o disfrutar del bello paraje. No tengo nada que hacer, le dirá el patrón de la nave al viajero (y somos los dos en esta vida nuestra: patrón y viajero, la misma cosa) mientras absurdamente la nave va sola, llevada por los demás, que tan ajenos son...
Aburrirse, pienso, es dispararse un tiro en la sien y renacer más tarde, dolidos, disminuidos por el encontronazo. Si uno abre los ojos ve los cambios que produce la luz al avanzar el día, descubre en cada persona que se cruza con él un universo, recorre con la imaginación caminos que ya hizo y asiste a espectáculos que ya vio, saborea maravillas o se duele de horrores que ambas cosas contiene su imaginación, y al fin vuelve a la realidad y vive sin haber perdido el aliento vital que contiene su tiempo.
Mientras me voy por la acera, camino del acantilado del Cabo para caminar un rato, deseo que llegue el autobús y la chiquita que podría ser mi hija o mi nieta, salga de su aburrimiento y descubra que las tarjetas de plástico son una fruslería. Seguro, que ni siquiera se ha dado cuenta de que yo la he estado contemplando un rato, tan bonita como parecía. A Goyerri le hubiera gustado una caricia suya.

18 comentarios:

  1. El aburrimiento es la mejor cura para un corazón estresado. "¡Abúrrase!", me recetó una vez un médico, pero la medicina tenía el sabor de "¡Sálvese!"

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  2. Donde más me sorprende ese aburrimiento anonadante es en las caras de los turistas. Imagínate una de las salas con decoraciones caligráficas de los Reales Alcázares de Sevilla. El rumoroso latido del agua de fondo. Los juegos de las luces y las sombras. Y la procesión de turistas agotados, siguiendo a una guía desganada que lo mismo podría hablarles en etrusco de la exportación de patata tempranilla de Biolorrusia a Bulgaria en la capaña del 53. La obsesión enfermiza de la foto y la incapacidad para retener nada en las pupilas. La nada, efectivamente, anonada. ¡Qué sacrilegio!

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  3. Espia: tal vez sea la única defensa del uso del aburrimiento.

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  4. Luri: superas el vocabulario: la nada anonadada... tendré que pensar en ella.
    Y si, he visto la cara del turisto convertido en gelatina caminante. Incluso por los hermosos alcazares sevillanos.

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  5. Estaba aburrida y vine a leerte...jajajaja
    oh! es broma jarocha...
    me perdonas? y así nos quitamos el aburrimiento.
    Ocurrente tu texto. Me gustó.

    Yo apapacho a Goyerri.

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  6. "Aburrirse es como besar a la muerte" (no lo dijo Heidegger, sino Gómez de la Serna). Yo no lo veo tan negativo.
    El tedium vitae: cuando anonadarse y ensimismarse es la misma cosa...

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  7. Conde-Duque: Gómez de la Serna dijo en 7 palabras lo que yo en cinco párrafos. No `puedo afirmar que sea malo o bueno y tampoco de que clase de aburrimiento disfrutamos: dejar volar el pensamiento o simplemente embeberse en uno mismo (algo deberá pasar ahí dentro). Yo me refiero al sentimiento de estar aburrido por no tener nada que hacer y se acaba leyendo tarjetas de crédito.

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  8. "El tiempo del aburrimiento nos suicida con lentitud"
    Gran reflexión sobre el aburrimiento! Me ha encantado!
    Yo detesto aburrirme, lo que me obsesiona en realidad es perder el tiempo, no hacer NADA. Me da rabia. Por eso siempre llevo en mi enorme bolso libros y revistas, para no desaprovechar ni un minuto... en realidad aburrirse es hasta sano, no podemos estar al 100% cada instante, entregados a algo siempre, acabaríamos agotadísismos!... pero por mucho que me repita esta última idea siempre trato de hacer algo a cada momento... supongo que es una pequeña obsesión :-), en fin.

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  9. Pies diominutos: tu comentario es la síntesis de mi entrada. Ese mismo horror siento yo, al vacío, no a no hacer nada solamente, sino al vacío.

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  10. A mí me parece Luis que el estado de aburrimiento no tiene que ver siempre con no hacer nada o nadear como dice usted...a veces yo disfruto en la playa simplemente contemplando el mar por mucho rato... y tengo una amiga que tiene un trabajo que no le gusta para nada y se aburre a diario terriblemente... yo creo que el aburrimiento está más conectado con el gusto o no por la actividad que estamos haciendo en el momento...
    Un abrazo!!!

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  11. Por qué cada vez que le escribo me aparece un aviso pequeño que me dice que estoy entrando en zonas inseguras ?????

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  12. Ciertanmente, Vb, cada vez que nos aburrimos no nos referimos a la misma cosa. Yo, como su amiga, he dedicado muchas horas de mi vida a cosas que me aburrían y siempre he encontrado un escape, en la imaginanción, por ejemplo. MI conentario viene referido al estado de ánimo (todo es un estado de ánimo) en que uno escoge el más absoluto nadear y a si mismo se elimina, se disuelve. En fin, un comentario no puede alcanzar toda la variedad de estados, pero mi chiquita en la parada del autobús, bajo un sol espléndido, me pareció terriblemente desgraciada aunque ella no lo supiera. Tal vez fué el hecho de su interés por las tarjetas de crédito, o un puro prejuicio mío.

    En cuanto a lo de la zona segura, también me lo dice a mi cuando entro en mis comentarios, en los míos. Debe encontrar esta máquina que yo, y por extensión mis amigos, no somos de fiar. O tal vez nos proteje. No lo se, es lo que quiero decir.

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  13. Uyssssss... yo no sé si confesar aquí públicamente que una vez me encontré en una situación como parecida a esa, sin nada qué leer, estaba en un país extranjero y se me había olvidado llevar un libro... y, no sé si sería por aburrimiento o por desesperación, pero rebusqué en mi bolso todo lo que tuviera letras en mi lengua materna, y terminé leyendo concienzudamente el prospecto de un medicamento.
    Esta anécdota que cuentas me ha recordado aquello, pues me imagino que de haber llevado tarjetas de crédito hubiera hecho exactamente igual que esa jovencita.

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  14. Entonces Roma, absuelvo a mi jovencita de cualquier crítica y pediré a los servicios públicos (no me gusta decir "autoridades" que pongan lectura digestiva en las paradas del autobús. Confieso que empecé a ñleer la Biblia en londres en situación similar. La holy Bible me salvó, desde la mesilla de noche, de la neurastenia. Ni un periçodico tenía.

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  15. JaJajaaa, te prometo que me has hecho reir a gusto contigo y tu biblia, jajaaa, es una anécdota divertidísima!

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  16. No sé si sería por lo que comentáis aquí o simplemente, por el ansia celebrativa de nuestras "autoridades culturales", pero aquí, en Sevilla, el año pasado empapelaron la ciudad con citas del Quijote. Los autobuses, que ya no uso, estaban decorados con versos de poetas, principalmente andaluces, para hacer patria, supongo. Y muchos, además, tenían pantallas de televisión donde se iban rotulando los titulares del día o los eventos culturales que tenían lugar en la ciudad. Casi se podría hablar de sobreestimulación.

    El aburrimiento es descorazonador. Pero nadear es necesario para sobrevivir. A veces hay que desconectar para no morir de puro estrés. Por lo menos en mi caso.

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  17. Claro, Umla, nadear es fundamental e higiénico, pero es un aburrimiento provocado y provocador. Yo me refiero al aburrimiento permanenete, a la actitud aburrida del que se sabe aburrido por naturaleza, o hastío sobrevenido.

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