lunes, mayo 15, 2006

Silencio en la noche...

Cómo me acuesto muy tarde, entre las 3 y las 4, soy el único habitante despierto en el prado, de los pocos que pernoctan aquí durante la mayor parte del año. Si miro por la ventana de la biblioteca veo las luces de la antena de telefonía que corona Cabeza Reina, tres luces rojas que flotan en la negrura, salvo cuando hay luna llena, que con su alcance saca brillo al metal de la torre. Si miro hacia Cueva Valiente, alcanzo a ver la linterna de un farol y un trazo de la calle - carretera que une el pueblo con la pista de la Forestal. A mi alrededor las casas están mediada la construcción algunas, habitadas por familias de fin de semana otras, y habitadas todo el año dos, una en cada extremo del área. Una es la nuestra. El silencio es absoluto. Cruje el techo de madera de la casa; al principio, hace unos años, creíamos que la casa se nos iba a caer encima en cualquier momento; al cabo del tiempo supimos que estos crujidos tienen que ver con la natural dilatación de la madera y ahora ya no los oímos. Si viene algún amigo a visitarnos y pasa la noche, hay que prevenirle, porque de no saber nada puede perder cierto sosiego. A estas horas ( son más de las dos) leo y escribo sin música, no por evitar molestías a Ana, sino porque prefiero esta sinfonía silenciosa envolviéndome. El silencio es magnífico, todos los silencios, creo yo, acompañan íntimamente.
Tengo encima de la mesa en que trabajo, entre otros muchos libros, papeles, objetos y trastos entre los que siempre encuentro lo que no busco y extravío lo que necesito, cuatro libros que representan para mi un caudal inagotable de satisfacción. Se trata de cuatro diccionarios filosóficos de muy distinta índole, aunque de título similar. La índole es la del autor y los cito: Voltaire, Savater, Comte-Sponville y Sánchez Meca. Estos libros, como casi todos los que me acompañan, no los adquirí buscándolos sino que llegaron a mi con la espontaneidad del encuentro puntual, ahora uno, ahora otro. El primero fué el de Savater, hará ya sus quince años y de tanto leer en él referencias al de Voltaire, encontré este poco después en una librería y vino a casa a hacerle compañía al primero. Los dos me han dado bellísimos y jocosos momentos, clarificadores y enriquecedores y sobre todo me han obligado, literalmente a pensar. Solamente por ello les tributo rendido homenaje. Tienen estos diccionarios una gran virtud que comparten con el de Pierre Compte-Sponville: sus definiciones son lo que creen los autores y en ningún caso pretenden hacer dogma o pedagogía. No sucede lo mismo con el de Meca, que es filosófico y diccionario para ayuda de consultas de estudio y se ciñe a la ortodoxia de autores, escuelas y definiciones.
Citaré para dar un ejemplo, extraída al buen tun tun, una definición de Savater de eternidad sacada de una descripción más copiosa de otro concepto, creo que "muerte": "eternidad es no conocer el hecho irremediable de la propia muerte". Lo importante que estos libros ofrecen es la posibilidad de leer, aceptar, rebatir, ampliar, disminuir, añadir, etc. Su pensamiento está vivo y es susceptible de enriquecernos más o menos según estemos dispuestos a ello: ayudan a pensar por nosotros mismos y con ligereza y sentido del humor nos recuerdan que la filosofía (escrita con minúsculas y con sentido puro de la busca del conocimiento por uno mismo) puede, y creo que debe, ser ligera, atrayente y jocosa.
Saco estos tres libros de consulta a colación porque he escrito varias veces en estas líneas la palabra silencio; es una de esas palabras que parece que quiere decir algo muy sencillo pero que cuando uno intenta definirla, se encuentra en apuros. Pienso que pues me gusta el silencio, deberé saber lo que es. El Diccionario de la Real Academia dice poco o lo justo, no es un diccionario de ideas sino de vocablos, y eso es un problema a la hora de describir las ideas que viven (viven, si) detrás de las palabras. Dice este diccionario de "silencio": 1. Abstención de hablar. 2. Falta de ruido. 5 Pausa musical, entre otras que aportan poco o nada más. Son definiciones que sirven para lo que sirven; concretas y tajantes en demasía no ayudan a descripciones de estados de ánimo o situaciones de más enjundia. Comte-Sponville tiene varias definiciones para este vocablo al que ni Voltaire ni Sabater hacen caso de manera directa, es decir: con entrada por su letra. El filósofo frances escribe: " En el sentido en que yo adopto el término, es la ausencia, no de sonido, sino de sentido. Un ruido puede entonces ser silencioso, del mismo modo que un silencio puede ser sonoro." Añadiría yo: todo cuanto suena y no tiene sentido para mi, es decir, no lo percibo, es mi silencio. Este silencio al que me refiero se produce cuando entramos en un ensismamiento, que es abstraerse en uno mismo, creo yo. Un amigo mío, pintor, que preparaba una exposición cuyo título era "El artista ensimismado" se las vió y deseó para dar una traducción a la palabra al inglés. Creo que al final, reunidos varios expertos, terminaron por aceptar "The simple mind artist", lo que queda a años luz de la idea inicial.
Ahora, al acabar el post, mientras voy conectando los sonidos, mientras van adquiriendo sentido porque he decidido escucharlos (el tic tac de un reloj, el zumbido del ordenador, el golpear sobre las teclas, los crujidos del techo, la respiración pausada de Goyerri, los chirridos de mi sillón giratoria cada vez que me muevo en él y los hielos cayendo en el depósito cuando se han formado, seguidos por la expulsión de agua nueva a presión en la bandeja interior del mecanismo, y otros más en los que todavía no reparo), mientras mi entorno vuelve a estar habitado, miro el reloj y veo que son las dos cuarenta y cinco. Leeré todavía un rato antes de ir a dormir. Cinco horas de sueño me bastan para que al silencio de la noche le suceda el silencio del día, que está habitado por otros sonidos y otros sentidos.

11 comentarios:

  1. En alguna ocasión, un profesor de los que vieven con mucha prisa, definió para cerrar su sesión: "Música es la cuidadosa danza entre sonidos y silencios". Ahora percibo tu silenciosa noche, creo que vale y demasiado, aficionarse a leer diccionarios y así, al "tun-tun".

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  2. En mis silencios me acompañan el murmullo de los grillos y la voz que no existe en Movie (mi cocker).

    En mis silencios quisiera ser palabra sin hablar.

    Con tus silencios me hiciste recordar cuando vino Savater a mi ciudad, fui a escucharlo, escribí mi sentir (blog 12 dic).

    Tengo el diccionario y otros de Savater y con el silencio es urgente leer.

    Urgente y necesario como el mismo silencio que a veces se transforman en gritos y susurros.

    Y yo guardo silencio ante tí.

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  3. Gracias Omar, por tu comentario. Estos diccionarios lo son de sustantivo, la verdad es que son comentarios y reflexiones rigurosos, al sentir de cada uno. De ahí mi afición por ellos. No se si demasiada.
    Clarice: yo ante ti, señora. Savater es una figura de enorme rigor intelectual y etico y activo comportamiento moral. Intelectual y acción son palabras que une y maneja y en ese sentido es ejemplar.

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  4. Es muy agradable todo lo que has podido decir, decirte, decirme, decirnos, sobre el silencio. Para mí, especialmente, el silencio es también otra cosa, terrible por cierto, porque al venir perdiendo la capacidad de oír desde los 9 años, y hasta ahora, he "padecido" el silencio viendo moverse a las cosas todas. Es otro silencio, del que seguramente no hablarán los diccionarios. Y muy pocos libros.

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  5. Obviamente no y lo que escribo sobre este silencio interior-exterior, debe ser para ti una norma que te aisla. Cuando me entero de algo así de "terrible" me quedo en silencio, que es lo mejor que se decir.

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  6. El silencio...uno de mis estados preferidos desde muy niña...

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  7. VB. El silencio es un traveling sin fin sobre fondo negro. Por ejemplo... Quien lo desea y quien lo odia, ¿que sabemos de él?

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  8. No sé si ya lo he dicho alguna vez, en ese caso me repito o, como decía mi abuela: repetición para énfasis -mi abuela tenía todo un repertorio de frases variopintas- A lo que iba, un antiguo compañero de instituto escribió un pequeño poema del que recuerdo lo siguiente: "a veces, el silencio abusa de su lenguaje de silencio" pero cuando no abusa es agradable. Luis, yo tengo en la mesa: un diccionario de lengua española, otro de lengua inglesa, de sinónimos y antónimos, de educación, la república -de Platón-, la constitución y el estatuto de los trabajadores, ¡ah! y un libro de cuentos de hadas. Esos son los fijos, el resto van variando de las estanterías a la mesa y viceversa -que diría Roma-.

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