lunes, mayo 15, 2006

Las mañanitas

Los pasos en punto de Goyerri son las 9,00 de la mañana. Más puntual imposible. Sale de debajo de la cama y se acerca a mi, con su pata me sacude el cobertor y cuando abro los ojos tengo los suyos en primer plano, acuosos y confiados; su mirada fija (la paciencia es el arte consumado de los perros, nadie como ellos sabe esperar) y su gesto expectante parecen decirme "vamos ya, tenemos tanto quer hacer" y yo voy, obediente. Me acompaña paso a paso, sube y baja las escaleras varias veces y espera en la cocina (aquí si que algo nervioso) mientras preparo el desayuno. Algo hay que darle aunque sea para engañarle, porque él cree que debe desayunar. tengo el íntimo conven cimiento que cree que es humano y que se siente en conciencia (la cantidad de ella de que pueda disponer) igual a nosotros. Le damos una miga de pan, minúscula sin mantequilla, y la toma vorazmente poniendo las cosas en su sitio. Después tenemos por costumbre sentarnos frente a la cristalera del salón, frente al jardín y miramos hacia el exterior y conversamos. A veces de algo y a veces de nada. Conversar de nada requiere habilidad para no caer en el silencio forzado, aquel silencio de "ay, señor" o "pues ya ves..." No, eso seria indigno de nosotros. Hablamos por ejemplo del seto, de si le conviene recortar las puntas o de si han cogido las últimas plantaciones, una línea de plantas de salvia. Este tiempo de conversación, es en realidad la preparación al día, la liturgia del reconocimiento. Frente a frente constatamos que volvemos a ser lo mismo. Si un día, no respondiéramos a la gesticulación convenida ni al ceremonial acordado, pensaríamos que estamos ante otro. ¿Una suplantación? ¿Que habrá sucedido? Sostengo que al irnos a dormir dejamos en manos del sueño un viaje a la siguiente jornada que es como una muerte con resurrección anunciada. Hechas las maletas y recogidos los enseres de la memoria, solemos dar a nuestras parejas (yo lo hago, por lo menos) un beso de despedida y decimos "hasta mañana"; hay quien, piadosamente añade "... si Dios quiere". Desde niño he pensado, no se me considere más impio de lo que conviene a un ateo educado y un poco jacobino, que en esto de la despedida Dios no tiene porque intervenir, y de hacerlo no veo ninguna razón para que no vaya a querer: sería una intromisión sin sentiido. Yo duermo a gusto tras esa despedida breve, el equipaje a nuestro alrededor, la memoria ordenada. No sueño, lo siento mucho, sinceramente; soñé y eso me proporcionaba buenos y agradables despertares, ahora no lo consigo o no consigo ser consciente de ello, que de ser así sería más frustrante. A la mañana siguiente volvemos a la vida y nos hacemos de nuevo con equipajes de todo tipo; con la vida a cuestas empezamos de nuevo siguiendo el guión. Le abro la puerta del jardín a Goyerri y sale a su primera excursión del día: su primer gesto es olfatear al aire tratando de encontrar, eso parece, un sentido, sale a la grava y de allí pasa al cesped y se pierde en torno a la casa. Volverá al cabo de un rato, se parará a mi lado para que le frote el lomo y al cabo de unos minutos hará lo mismo con Ana. Termina tumbándose en el sofá (la vista del jardín no le importa nada) y al poco ronca con suavidad. ¿Qué vas a hacer? Voy a leer un poco. Luego iré al vivero. ¿Y tú? Tengo cosas, nada. Nada es algo intrascendente, como son casi todas las cosas de los días que nos anidan. Nada es llenar la mañana de gestos pequeños y cotidianos que son necesarios, liturgias prácticas, diríamos. Busco mi libro, no siempre está claro cual es el que estoy leyendo por mi costumbre de dejarlos por el suelo, varios a la vez. "Cara a cara con la vida, la mente y el Universo": serie de entrevistas de Eduardo Punset con físicos, neurólogos, químicos, matemáticos, científicos en suma, hombres de la modernidad que aventuran hipótesis que muy bien podráin ser sobre los orígenes de cada cosa, del ser humano, del cosmos, del universo, del lenguaje, de la conciencia, de los sueños, de todo aquellos que representa una incógnita no solucionable por la fe, posiblemente la palabra que menos aparece en este volumen. Abro por la página marcada y leo una afirmación de Steve Pinker: "Mi expresión lenguaje-instinto proviene de Darwin que definicó el lenguaje como un instinto para adquirir el arte del lenguaje. No es un instinto fijo de muchos animales, sino un instinto que tienen los niños para analizar lo que dicen sus padres y crear su propio sistema de normas para poder comprender infinidad de frases en la lengua de su comunidad". El libro es apasionante, publicado por Destino Imago Mundi. Leyéndolo llego a la conclusión de que al fin podemos decir, con toda naturalidad, que casi no sabemos nada, pero que estamos en el camino que no admite mistificaciones, y eso me alegra.
Hace pocos días, de vuelta de pasear a media mañana con Goyerri por el prado y la linde del bosque, paseo que suele ser siempre más largo de lo que el recorrido pueda sugerir, ya que siempre se encuentra uno a más gente aquí que en la Plaza de Cibeles, pongo por ejemplo, por la simple razón de que cualquier persona que se cruce contigo se parará unos minutos a charlar y de los miles con los que te puedas cruzar en Cibeles ninguno reparará en tu presencia, pues al regreso del paseo, Ana me llamó desdee la cristalera del jardín por la parte que domina Cabeza Líjar, es decir, el sur, y me señaló a un chalé en construcción ya muy avanzada: guardia civil, un coche de atestados, los obreros, el constructor (buen amigo que es quien construyó mi casa) y alguna gente más sin identificación aparente. Al poco sacaron una caja de muertos, no tan alta como los feretros de entierro y la metieron en el coche de Atestados. Llamé por teléfono a mi amigo el constructor: ¿que ha pasado? Me explicó que había muerto un chico de veinte años, un obrero víictima no sabía si de un derrame cerebral o de un infarto. Le dije que lo sentía y corté la llamada. Amalia, la mujer que nos ayuda en tareas de casa me preguntó: ¿Y le ha dicho si era de aquí? No le he preguntado, Amalia. Me miró con cara de recriminación. está claro que podía haberlo hecho, en los lugares pequeños esa información es vital. Porque podía ser incluiso extranjero, dijo ella. Podía ser, esto está lleno de polacos, rumanos y ecuatorianos. Entendí que Amalia prefería que el muerto fuera de un pais lejano. Pobre chico, dijo Ana, y eso era verdad. Tenía solamente veinte años.
Hoy he mirado al cielo al levantarme y lo he visto bellísimo. Las nubes formaban dibujos en él y he ido a por la cámara.

7 comentarios:

  1. ayyy Luis, qué pena me da, pedirte de nuevo, que leas otro texto en mi blog, está con la fecha 27 de nov.

    ¿Será que nuestros compañeros mudos pero que hablan con sus ojos y con sus gestos de fidelidad, sean mejores que los propios humanos? A veces sí.

    Movie quiere que le presentes a Goyerri. Mostrad una imagen.

    Un abrazote a Goyerri.

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  2. Leído Clarice, leído. He llamado a Goyerri y vend´rá esta noche a saludarte a ti y a Movie.

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  3. Esa charla sin palabras ...

    Por cuestiones de espacio (mi departamento es pequeño y no cuenta con jardin), no me es posible tener mascota en casa pero comprendo muy bien de lo que hablas...

    Y al final ese constraste de vida y muerte... siempre el circulo eterno.

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  4. This is very interesting site... » » »

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