miércoles, diciembre 06, 2006

Nieva

La primera nevada del 2006


Ha empezado a nevar. Primero una tormenta que ha durado varias horas, tremenda de agua, acompañada de viento fortísimo. Cuando sopla parece que quiera llevarse el techo de madera de la casa sobre el que reposan las tejas; se nota la tensión, el empujón hacia arriba. La madera, que en invierno se hincha cruje, lo mismo cuando en verano cede. La caja está habitada de crujidos y del ruido de la lluvia que la azota. Si miro por la ventana veo las cortinas de agua cayendo a ráfagas, recorriendo el prado, corriendo empujadas por el viento hacia el sur, cruzando el alto de Cabeza lijar, donde se amontonan unas nubes grises, casi negras. Oscurece temprano y cesa el ruido. Releo Confesiones de una Máscara de Yukio Mishima, o Mishima Yukio, como debería escribirse para ser fiel a la manera de ordenar los nombres en Japón, primero el apellido, luego el nombre propio. Hay autores que son amigos, cuando no se que hacer voy a ellos, los saco del estante y empiezo, a veces por el principio, a veces no. Me pasa con Mishima, y con Kabawata, y con Historia de Genji; este ultimo lo abro por donde me apetece de la misma que de los dos volúmenes cojo el que me viene más a mano; no importa, difícil es, creo que casi imposible, recordar a todos los personajes y yo no lo intento, simplemente leo y dejo que me venga una sinfonía de Naga, la capital imperial, un aroma a un Japón que no era todavía como el de Mizouguchi, más chino en formas que japonés; todavía la nación no había encontrado su manera de ser, pero estaba ya en ello.
Leo como digo Confesiones de una Máscara donde el autor, de forma magistral, nos descubre como la sexualidad despierta y toma posesión de un muchacho, primero cuando huele el sudor de los soldados o ve al recogedor de basuras bajando una cuesta, es un niño todavía y le atraen los héroes masculinos aunque juega a guerra con sus primas. Después descubre a la imagen de San Sebastián de Guido Reni. Le atrae la violencia de las flechas, el torso del joven, su lasitud, el taparrabos que flota sobre sus riñones y la delicadeza de sus ligaduras alrededor de las muñecas. Su sexo despierta y descubre que no es solamente cuando ve a los jóvenes sino cuando se enfrenta a la violencia o a la muerte; se masturba. Estas páginas son antológicas.
Voy a buscar una imagen de la pintura: la encuentro en Internet, es esta.

El Martirio de San Sebastián, de Guido Reni

Una frase me llama poderosamente la atención, por vez primera: antes no había reparado en ella. Me asomo a las líneas que me obligan a volver al inicio: Esas dos flechas solitarias proyectan sus calmas y gráciles sombras en la suavidad de su piel, como las de una rama en una escalinata de mármol. En Mishima la observación nunca es banal, ligera; sus ojos ven desde dentro de si, no desde la superficie de los globos oculares. Las flechas, como sombras proyectadas sobre el cuerpo, sombras de ramas en una escalinata de mármol. Comprendo lo difícil que es escribir, no escribir con un cierto estilo y con facilidad, no escribir con profesión e imaginación: hablo de escribir, eso a lo que he dedicado tanto tiempo y nunca he aprendido a hacer con la profundidad de la sencillez de estas dos líneas.
Percibo el silencio, acabada la tormenta. Ya hace rato que dejaron de sonar lluvia y viento con la violencia con que se hacían presentes, y repentinamente caigo en que es el silencio, no el sonido sin sentido que no se percibe, sino el silencio real, el que me rodea. Ana lee en el salón y oigo como pasa las hojas estando yo en el piso alto, bien es verdad que el estudio y la biblioteca son abiertos a la parte baja de la casa; también oigo el suave crepitar de unos leños en la chimenea, encendidos para acompañar con su danza de sombras. Hago uno de esos altos que no conducen a nada salvo a desentumecer el pensamiento y estirar los miembros; todo se resume en un corto paseo hasta la balconada desde la que se ve el bosque mientras pienso si me apetece beber un refresco o mejor no; camino pues y veo la capa blanca que empieza a cubrir la grava y el césped del jardín y los árboles de la linde: un manzano de jardín, joven y esbelto, delgado todavía, ha recibido demasiada nieve y se inclina demasiado hacia el suelo, se balancea y en la oscuridad parece una cabellera blanca en una cabeza oscura que se mece; quien así se meciera sería por dolor, pienso. Mañana saldré a enderezarlo, a ponerle otro tutor porque tal como está podría quebrarse. Nieva, le digo a Ana, ya nieva.
Hemos estado esperando la nieve que anunciaba cada día el parte meteorológico, todos los partes meteorológicos, en las cotas altas, sobre los 1.500. Ana va a ver la estación térmica que indica la temperatura exterior a la cocina: Marca 5 grados, me dice. ¿Cómo puede nevar a cinco grados? Le contesto que tal vez el cambio climático, algo será, yo no lo se todo. Nos reímos. Mañana, si la nevada continúa, habrá que abrir un camino desde la escalera del portal hasta la verja y sacar uno de los dos coches a la calle para evitar que la acumulación de nieve los inmovilice dentro.
Vuelvo a mi butaca y a Mishima. Cojo el libro y paso la mirada por varias páginas, despreocupado; me detengo en un punto, en un párrafo de una línea, menos:
La pena era insoportable. Pisé con furia el suelo.
Punto y aparté. Nada más salvo seguir leyendo. Otra vez la sensación de impotencia. Ni una palabra de menos, ni de menos. Lo justo para decir. Me arrellano en la butaca con una sensación de tristeza y pienso que mañana seguiré en esta butaca de cuero, leyendo hasta acabar de leer un libro que ya he leído no recuerdo ni cuando ni donde, porque no era el mismo que tengo ahora en las manos. Nieva, me dice Ana. Mañana nos quedamos en casa. Claro, le contesto. tengo que acabar este libro.

26 comentarios:

  1. En Ocata el verano sigue demorándose. Sospecho que estamos en otoño porque lo dicen el calendario y la melancolía formularia de las hojas secas, pero en la playa se sigue devorando el sol y los ciudadanos de Ocata leemos la prensa en las terrazas de los bares en mangas de camisa. A veces, poco antes de anochecer, se levanta una brisilla húmeda y ligeramente fría que parece presagiar que un día u otro tenga que llegar el invierno, en el que caeremos sin el tránsito del otoño. Así que, en mi caso, sigo con las lecturas de verano.
    Magnífico post, Luis.

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  2. Y preciosa descripción tuya la del verano tardío de Ocata. Cualquier día me pasaré por ahí.

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  3. Nieve!

    Yo estoy igual que Luri, en camiseta de manga corta, por València el frío aún no ha hecho su aparición.

    Me han entrado ganas de irme a leer contigo!

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  4. Yo tenía previsto ir mañana a Alicante a pasar unos días en mi apartamento, pero la nieve primera me ha hecho cambiar de opinión y lo demoraré hasta el sábado o el domingo para disfrutar un poco de la novedad.
    En cualquier casa, Piececitos, estás invitada: una tacita de caldo y una mantita a cuadros para los pies. Comeremos cocido, que Ana lo hace estupendo y además de leer charlaremos.

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  5. Lo mismo me ocurre con los citados
    autores. De hecho me dispongo a releer algunos pasajes de "La historia del Genji" en una magnífica edición de Atalanta, que acabo de adquirir.
    La fascinación que muestra Mishima por el cuadro de Guido Reni, no es banal, como sus observaciones, frente a multitud de representaciones pictóricas del martirio de San Sebastián, centradas en el dolor, aquí prevalece una sofrosine, cercana al éxtasis. Tampoco es casual la admiración que sintió hacia Juana de Arco, escribe en el referido libro:" ."Suspiraba por una vida que me permitiera contemplar la ilustración durante todo el día(...). La coraza de plata que llevaba el caballero ostentaba un hermoso escudo de armas. Creía que lo matarían al instante, si vuelvo la página rápidamente, con toda seguridad lo veré morir....Parece un hombre, pero es una mujer. Verdad. Se llamaba Juana de Arco".
    Leo:"En Mishima la observación nunca es banal, ligera; sus ojos ven desde dentro de si, no desde la superficie de los globos oculares. Las flechas, como sombras proyectadas sobre el cuerpo, sombras de ramas en una escalinata de mármol". Tristeza, melancolía e impotencia, entre otros, son estados que siento cada vez que transito por este bosque.

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  6. Hola Luis:
    He entrado en tu bitácora un poco por casualidad y me ha sorprendido, ya sabes que hay mucha basura en internet, por lo que encontrarse con alguien de tu nivel es un gustazo.
    Te agrego como "bitácora amiga".
    Date una vuelta por la mía y, si es posible, dame tu opinión, hace poco que estoy en este quehacer y ando un poco despistado.
    Un saludo afectuoso.

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  7. "La pena era insoportable. Pisé con furia el suelo"

    Piso mi jardin con tristeza, la pena empieza a olvidarse, me queda la nostalgia que nunca he visto la nieve y tú la narras y caen gotas de mis ojos sobre Movie.
    Dejará huellas Goyerri?
    Voy por Mishima y me iré a sentar al lado de Ana.

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  8. Tienes la facultad de transportarme a tu casa, luis, y al crujido de tu chimenea y el ruido sutil de Ana al pasar una hoja. Hasta he sentido el cuero de tu sillón y tus dudas de si tomar un refresco. Y ese San Sebastián de Guido Reni, tan sensual, y poco apropiado para un paisaje nevado. Es bello como un Apolo, y desde luego estaba relacionado con él, es el Apolo cristiano, incluso con las mismas cualidades de prevenir las plagas que venían del cielo. Por eso es un santo de los llamados pestíferos, protectores contra las epidemias. Y ya ves, hemos ido a parar a Roma (creo incluso, si no me falla la memoria, que este cuadro está en los Museos Capitolinos), de la que sigo esperando noticias. Besos, querido amigo, y abrígate, no te enfríes.

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  9. Felipe: te agradezco los halagos y mañana, que ahora ya es tarde, visitaré tu página con gusto e interés.

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  10. Clarice: Goyerri deja huellas. esta mañana hemos salido al jadín y parte de la nieva se había ido, pero quedaba una capa sobre el cesped. Ahí las mías y las de él, que le encanta la nieve, al principio, luego entra en casa por el frío. Un beso.

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  11. Pues Isabel, no se en realidad donde está el cuadro. Cuando Mishima escribe "Memorias de una Máscara" lo sitúa en Génova y yo caigo que habiendo visto mucho la imagen, enfísico no me suena haberme encontrado con él. Voy a averiguar donde. Claro, se produce un quiebro entre el cuadro, tan desnudo, dice Mishima que con un fondo a lo Tiziano, y el frío de la nieve. Poco apropiado para la nieve, dice, y es cierto, yo no he caído en ello al escribir el post.

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  12. Careiro: me asombra tu conocimiento de las cosas. No es que disiente sino que matizo mi punto de vista: no me parece exactamente un autocontro, una sofrosine, sino un éxtasis, un salir de si mismo para y abandonar el cuerpo. No hay esfuerzo en el autocontrol, sino, casi levitación, por decirlo de alguna manera. En el cuadro, el personaje ya no está sin estar muerto, eso es lo que me parece a mi.

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  13. Rubor al margen. ¡Exacto!, pienso que esa es la fascinación de Mishima por el cuadro, que es de una belleza indudable, pero incluso
    la forma pasa a ser secundaria en relación al fondo. Es precisamente
    el éxtasis, la ausencia de autocontrol, tan necesario en la práctica del Seppuku, (en el cuadro es el martirio), lo que fascina en la lectura del relato que le referí. Es ésta la atmósfera que se percibe en la narración, especialmente cuando llega a su culminación, en la misma los protagonistas y/o el propio Mishima no están,desde casi el inicio de la narración, aunque aparentemente, en su final, estén muertos...
    Un cordial saludo.

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  14. No llegué a Mishima, todavía
    que estoy, aun, con los anteriores a la guerra, cuando se las veían venir, peligrosamente.
    El otro día un compañero, hablando con uno de estos personajes de Stanford que hay por aquí pululando (ellos se definen como tal, de Stanford, no lo hago yo de forma peyorativa), bueno, el caso es que le dijo mi amigo "a mi me encanta Mishima". A lo que el Stanforiano contestó, a mi me ha acabado aburriendo, hace demasiada apología del suicidio.
    Esto sacado de contexto queda raro.
    Pero es que él, el stanforiano, está haciendo su tesis sobre la literatura japonesa del s. XVII y s. XVIII.
    Yo, no obstante, quiero leer a Mishima, pero primero he de terminar con Soseki Natsume.

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  15. Cel.lia: entonces llegarás a mishima y pasarás en él, por él o de él. Para mi fué un descubrimiento en dos fases. De joven por su brillantes y tal vez también por su biografía. Ahora, me resisto a escribir de viejo, pero si de maduro maduro, por su profundidad. Considero a El Pabellón Dorado como una de las mejores novelas que he leído, por la profundidad con la que describo un conflicto con la belleza.
    La literatura japonesa es tremenda, porque procede de un país que ha erigido una cultura delicada y profunda en una sociedad de militares y violencia durante toda su historia, y sin embargo alcanza niveles insuperables de anñalisis psicológicos.
    Mishima es todo menos banal.

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  16. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  17. Careiro: ese es un comentario para Cel.lia, ya que no tengo un conocimiento con criterio para opinar.

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  18. Independientemente del prestigio propio de la Universidad, pero poco más puedo añadir.

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  19. yo guardo el sueño, de que si sigo en ello, podré leerla (la literaturta japonesa) en versión original. Lo mismo me lleva unos cuantos años, pero bueno, no pasa nada.
    Por cierto, cuando nieve en Tokyo, te envío una foto. :D
    Yo lo de los stanforianos lo digo de cachondeo, porque son unos cuantos, van en grupo, son muy simpáticos, pero me da un poco de risa (tonta) cuando sacan la frasecita "fulanito es muy bueno, también es de Standford"
    Es un respeto universitario al que yo no acabo de estar acostumbrada...será porque estudié en la UPC...pero aquí me sorprende que todo el mundo dice antes dónde ha estudiado que el apellido de su familia.
    A lo que iba.
    yo le he regalado a mi madre un par de libros de mishima, que ella si que se los puede leer ya, para que se prepare y me venga a ver, jajaja

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  20. Disculpas a los dos, ese pretendía ser el sentido de mis palabras, el
    que tú expresas.

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  21. Careiro: veo que has suprimido tu comentario anterior. No veo porqué ni tampoco porque pides disculpas, ya que no has incurrido en ninguna incorrección. Te sugiero que cojas los comentarios Cel.lia, tú y yo y los coloques como si se tratara de un diálogo escenificado y no encontrarás en ellos nada incorrecto por tu parte.

    Cel.lia: no he entendido si es que tu madre lee japonés o si le has regalado los libros en español. En ese caso te sugiero Kawabata, que es algo más suave, muy triste pero de menos violencias psicológicas, por decirlo de alguna manera.: Pais de Nieve dejó un rastro tremendo en mi.
    He estado pensando en el comentario del muchacho de Stanford y creo, por pensar en algo lejano, que está muy inspirado en la historia de Mishima y en tdas laa contras de sus libros, donde siempre sale su propensión al suicidio. No se si estará de acuerdo careiro, pero más que suicidio, que ciertamente existió en forma de seppuku, es la aniquilación la que busca Mishima. Por eso considero antológico el Pabellón de Oro: en pocos autores belleza, sexo, violencia y muerte, juegan una danza tan vital y aniquiladora.
    Hay algo en la literatuta japonesa inaprensible

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  22. no, mi madre se los va a leer en español, si es que se atreve a abrirlos
    su comentario fue
    ¿era necesario?
    y yo,por supuesto madre, lea lea
    jejeje

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  23. Dices con acierto que nada en Mishima es banal, y yo diría que casi nada es casual. Conviene tener
    presente, el que uno de sus libros de cabecera fue el "Hagakure" 1710, en el que encontamos afirmaciones de este tenor:"He descubierto -dice Josho-que la vía del bushido es morir; que entre la vida y la muerte "debemos escoger" esta segunda; que ante una situación de crisis y entre dos caminos nos decantaremos por aquél el que se muera más deprisa; que nunca la muerte es vana; que para ser un samurái perfecto es necesario prepararse para la muerte mañana y tarde, durante todo el día; iniciar cada amanecer meditando tranquilamente, pensando en el último momento e imaginando las diferentes formas de morir, absoluta lealtad hacia muerte; uno debe tener la clarividencia de lo que va a ocurrir. Y lo que nos va a ocurrir tarde o temprano, es la muerte. De ahí que resulte absurdo aferrarnos a la vida pues la perderemos(...). EL AMOR Y LA MUERTE SE PARECEN, YA QUE EN AMBAS
    DIMENSIONES SIEMPRE PREVALECE LA DISPOSICIÓN A LA ENTREGA ABSOLUTA, NO PERMITIENDO ESA ACTITUD QUE EL EGOÍSMO PRENDA NI PROSPERE. SÓLO EN EL AMOR Y EN LA MUERTE SE ESFUMA LA DIALÉCTICA, QUE ES EL ORIGEN DE LA DIVISIÓN DEL MUNDO. Quien se apresta a ganar la vida en seguida nota que al lado del principio que se afirma brota el que lo niega, ya que en la vida hay una pugna innegable por el poder, a veces sorda, a veces manifiesta; y de ahí nace el antagonismo, el conflicto y la exclusión. En cambio, si vivimos la vida aprendiendo en ella a amar y a morir, percibimos CÓMO POR EL AMOR Y LA MUERTE SE SUPERAN LOS CONTRARIOS, NO POR SU NEGACIÓN SINO
    POR SU OPINIÓN, POR LA COINCIDENCIA DE LOS OPUESTOS;(...)DE TODOS MODOS AMAR Y MORIR ES LO MISMO".
    Respecto del mismo, dice:"Fue el libro de mi juventud solitaria(...), lo leía desde los veinte años (...), es el único que permanece en mí"(Hagakure Nyumon), y más tarde en "Las vacaciones de un escritor" (1950):"Siempre estaba
    al lado de mi escritorio","El Hagakure es la matriz de mi literatura". Y yo me atrevo a decir de su vida y propia muerte.
    de la propia muerte. Pero es que como ha
    apuntado algún autor Mishima ama y muere no por un ideal ajeno, sino porque está enamorado del amor y de
    la muerte, yo añado como tú bien apuntas, como algo primordial, la belleza. Es indudable el empleo de metáforas en la exquisita y sutil prosa de Mishima. Dice el propio escritor en el proemio a su escrito "Introducción a la filosofía de la acción": "Este libro puede considerarse como una de mis obras más sencillas. No se trata de un ensayo en el verdadero
    sentido de la palabra. Pero, a menudo, el hecho de de expresarnos
    en un tono leve revela con mayor profundidad nuestras intenciones más auténticas. Un lector atento hallará en este escrito (aún más que en mis novelas y relatos) el eco de mis experiencias, de mis anhelos, de mis angustias, de mis pasiones, de mis presagios. Y tal vez un día comprenda mis metáforas y diga ¡ah, era esto lo que quería decir".
    En el Pabellón Dorado, creo que como en gran parte de su obra, los elementos autobiográficos, como el hecho de la propia fragilidad del protagonista, son innegables. Pero los elementos decisivos, los apuntas tú, con asombrosa exactitud: belleza y aniquilación. El monje protagonista vive hechizado por la apabullante belleza, que más tarde se tornará insoportable, de un lugar perfecto:" Nada está a la altura de la hermosura desesperante del templo. (…) El pabellón de oro no sólo es más bello que el resto de la realidad sino que es bello contra el resto de la realidad. Su perfección compromete al mundo con la promesa permanente de una reconciliación imposible entre lo deseado y lo ofrecido. El joven monje se halla prisionero de algo que le preexiste y le condiciona: decide entonces que las cosas bellas, la belleza misma, “serán a partir de entonces sus mortales enemigas”. La destrucción purificadora del pabellón, como el aniquilamiento prolongado del hermoso cuerpo del héroe (Mishima), devuelve la perfección a la fragilidad de la que brota y libera de nuevo esa intensidad enérgica que en la quietud contemplativa amenaza con volverse rutinaria y vulgar. La belleza y la verdad son algo a perseguir, no algo en lo que instalarse. Como la inmortalidad. Las últimas palabras que escribió Mishima fueron: "La vida humana es limitada, pero a mí me gustaría vivir para siempre". En mi opinión, el suicidio es un aspecto instrumental, pero también lo es la muerte, supeditada a a la aniquilación, como medio para superar la propia muerte y alcanzar la belleza imperecedera. Efectivamente, la muerte parece ocupar un lugar intermedio, entre el suicidio y la aniquilación. Pienso que Mishima veía en ella, la única vía para alcanzar la verdad y la belleza. Aquí, Mishima va más allá que Josho, el alumno a
    partir del texto del maestro, lo supera, al introducir como un factor fundamental, la belleza, no
    se limita a la muerte, como forma de alcanzar la inmortalidad, sino que por la aniquilación, logra aunar su propia inmortalidad, con la belleza inmortal. Es complejo, pero quien minusvalore el valor de la belleza, tanto en la obra, como en la vida de Mishima, estará obviando un elemento esencial, para
    la comprensión de las mismas. En todo caso, como observas en la mejor literatura japonesa, como en muchos de los cuadros de Velázquez,
    hay algo inaprensible...

    Un cordial abrazo.

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  24. Aunque tengo que releer lo que has escrito ya que de una sentada es imposible captarlo todo, sobre todo a partir de que no conozco el olibro que citas, apuntas algo que he pensado en ocasiones y es un paralelismo entre la "perfección y no belleza" formal en Velazques y el espíritu sutil de busca de la perfección formal que se esconde en los dos autores japoneses que más me interesan y que son obviamente Mishima y Kawabata.
    Lo que es inaprensible pero que estando ahí condiciona la mirada y la comprensión se da en ellos como algo que es realmente, creo yo, una ambición de eternidad. Es innegable que lo que radica ahí es la permanencia de la obra y pienso que Mishima consideraría que esta conversación epistolar formaría parte de una vida más allá de su muerte provocada y sospecho que incluso, esa muerte, forma parte de su escenografía para alcanzar una especie de eternidad que si muriera de muerte natural, viejo y decrépito, solo (muerte a la que también se niega su maestro Kawabata Yasunari)no alcanzaría.
    Hay algo que me pregunto a partir del hecho de que Mishima participó activamente en la propuesta de concesión del Nobel a su mentor. En él también se pensó. ¿Y si se lo hubieran dado a él?

    Vuelvo a insistir en el asombro que me produce tu conocimiento sobre este tema, del que yo apenas intuyo cosas.

    Hay en este blog algunos posts dedicados a Velazques, que es sin duda el único artista que me inspira la certidumbre del respeto absoluto.

    Leeré atentamente tu correo.

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  25. No nos confundamos, conocimiento el tuyo e intuición en todo caso la
    mía. A mí lo que me sorprende es este fantástico Bosque y lo que implica. De lo único que tengo conocimientos, y escasos es de Dº Privado. Pero la ignorancia es atrevida... Planteas una suposición y una hipótesis muy interesantes. Mi opinión sobre si su muerte fue parte de la escenificación para alcanzar la eternidad literaria; creo que no lo fue, o en su caso fue un vector secundario. Aunque pueda parecer contradictorio, con mi afirmación de que casi nada en Mishima es casual, lo cierto es que
    pienso, que en él operaron básicamente motivos espirituales e incluso ideológicos frente a otros de distinto tipo. No obstante es interesante observar, con independencia del desenlace real de su suicidio,la minuciosidad en su preparación, no ya el lugar elegido, ni sus últimas
    palabras apenas audibles, el hecho de que eligiera a Tsukumo Igarashi, el único estilista japonés que creó uniformes para De Gaulle, para diseñar el de los miembros de la Sociedad de los Escudos, la propia fecha, el hecho de que entregara a su editor con toda naturalidad el último capítulo de "La corrupción de un ángel", justo antes de practicar el ritual de su muerte.... demuestran el que nada fue casual.
    Esta opinión condiciona la respuesta a la hipótesis. Dudo siquiera el que hubiera
    aceptado el Premio Nobel, pero en todo caso no creo que en modo alguno su concesión hubiese evitado su suicidio, ni tan siquiera pienso que lo hubiese retrasado, más bien pienso que lo hubiera precipitado.
    Esto evidentemente no pasa de ser una mera presunción, lo que parece menos discutible, es la interesante
    y especial relación entre ética-estética presente tanto en la obra como en la vida y muerte de Mishima.

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  26. Estoy de acuerdo, en cualquier caso la hipotesis que aventuro es pura fantasía. Yo si creo que lo hubiera aceptado el Premio, pero estando Kawabata dificilmente hubiera pewrmitido que su nombre llegara al Comité seleccionador. Tenía por su mentor una especial reverencia: basta leer la correspondencia entre ambos y el nivel de familiaridad que llegaron atener.

    Ciertamente es la confrontación ética estética la que resulta fascinante en él.

    En cualquier caso te agradezco tus comentarios sobre este blog.

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