jueves, octubre 05, 2006

De la inexistencia de la verdad o de la mentira de tal afirmación.

La verdad no se encuentra en los libros ni en los surcos del campo, ni en una caricia, ni en la mirada franca de quien nos quiere, ni en la tradición contada: la verdad no es hasta que está la mentira, porque hasta que esta llega no se hace evidente. El día sin la noche sería lo absoluto; eso sería la verdad sin la mentira. ¿Nos preguntaríamos por la naturaleza de la vida si no existiera su final: la muerte? Ser espectadores de la muerte y de la mentira nos convierte en sabios porque dan que pensar; pero la verdad no está tampoco en los pensamientos. Si he dicho que no existe he sido demasiado rotundo: debería haber dicho que no se manifiesta, pero no manifestarse es como no existir porque no se goza de sus beneficios, que es sabernos en su posesión. Ka verdad no se revela porque no está oculta, se manifiesta como reflejo contrario, espejo de la mentira. Es su otra cara de lo que podríamos deducir que ambas son de la misma naturaleza, la misma cosa, dos caras de lo mismo, en conjunto la sutileza de la ambiguedad.
Se trata de un especie de tesoro, apropiada por todos. Y si no se manifiesta, quien determina a la mentira: ¿la buena voluntad de los seres humanos? ¿Existe? La buena voluntad es un acto de fe en uno mismo, y otra vez la pregunta: ¿la tenemos? No debemos dejar de lado, acer en el olvido, que junto a la mentira está la verdad que no es la realidad; esta no necesita de su reflejo contrario para ser vista y comprendida: es al explicarla cuando la mentira nos ofrece de nuevo la verdad. Si es de día y digo es de día no hay nada que objetar, pero si lo que afirmo rotundamente es "es de noche" manifiesto una falsedad, manifiesto una mentira y la verdad, que es el sentido contrario dentro del pensamiento se manifiesta y es.
Aquí en el bosque se diría que deberíamos conocer la verdad, porque siendo pocos y no metiéndose nadie en la vida de los demás, esto debería resultar una Arcadia feliz. Pero la mentira puede convivir en la Arcadia feliz, en el seno de los hogares de los hombres. ¿Porque no? Se puede vivir plagado de mentiras y ser feliz; de grandes mentiras en torno a los hechos relevantes en los que se debe creer, ya se sabe que me refiero a todo ese cúmulo de verdades absolutas que nos han sido dadas y que resultan mentiras a poco que se alcance a verlas desde el prisma de la otra mentira, que sería la verdad. Hablo de Dios, de la paz, del amor, de la convivencia, de la naturaleza privilegiada del hombre, del alma, de la esencia, de la fe; hablo de cosas que todos comprendemos y sabemos, pero también saber es una palabra irreal, porque si sabemos algo que no es sino mentira (o preferiría algún lector que dijera inexactitud) no sabemos nada acerca de ello. O somos ignorantes o mentirosos. Deseamos a Dios para sentirnos confortados o ¿existe realemente? No escribo por mi, que sé, una vez más el vértigo de saber sin la menor prueba, que es un ser inexistente y este conncepto de dos palabras, "ser inexistente" me abruma por su horrorosa ambiguedad. ¿Que fué antes? ¿La inexistencia o el ser? ¿O ambas cosas a un tiempo? Un señor en la sombra, un velo en el pensamiento, una ráfaga de luz en la oscuridad. Dijimos "alehop" y nos quedamos sin Dios en el que nunca habíamos creído algunos o muchos. Primero fueron los dioses los que dejaron los templos vacíos y luego el otro dios patriarcal, señor de tribus y rebaños del desierto que señalizó la entrada para la tierra prometida al pueblo de Israel como se señaliza hoy la compra y posesión de un terreno en el campo.

Tengo que volver a la verdad, pero después de dos párrafos me pregunto si es conveniente, o si tengo algo más que añadir. No hablo de verdad sino de verdades, eso está mejor. Y añado a Dios: el amor. Pero no es una verdad de un absoluto y espiritual valor sino una pulsión necesaria para la procreación y perpetuación de la especie. Así han llegado los hijos del amor y los hijos del pecado a figurar en las líneas de la literatura y en las comidillas de los demás. Yo que no soy hijo del pecado, entiéndase, desearía serlo para comprender lo que es ser hijo del amor realizado un, pongamos por caso, sábado por la noche, acto antecesor a la felicidad del domingo inhábil, día del señor de su casa que surje destrozado por una semana de luro laborar en la viña del otro. El otro amor es el necesario para poseer a la otra persona, para hacerla de uno, para alcanzar la meta de la entrega total, de la sumisión absoluta, para vampirizar y construir la propia creencia en uno mismo con la energía entregada del otro. Lo demás es sexo de andar por ahí, y está bien jugar a ello, pero es intrascendente. La pasión amorosa solo es verdad cuando es mentira porque algo se le opone, empezando por el otro, el ser amado apasionadamente, y continuando por los acontecimientos que marcan los imposibles: el otro no es libre, deberá mentir; yo no soy libre, deberé mentir; tenemos diferentes conceptos de la vida, no es verdad, nos mentimos, los dos de consuno. Nada sabe mejor que el amor apasionado en circunstancias adversas. La verdad es mentira. Por eso triunfan los mitos del vampiro desde antes incluso de que Bram Stocker nos diera una obra maestra de la novela gótica. Todos somos vampiros y ahí nos reconocemos. Ningún placer para, aspirando la vida, sentirno del todo señores del universo. Pero ese amor imposible, apasionado, romántico, es mentira también: primero alienta, luego construímos un muro inexpugnable y lo vencemos, caemos en brazos el uno del otro y culmina la tragedia con el desasosiego y abandono del amado o la amada. Muerta la pasión no queda nada.

Para mentener el orden necesitamos que la mentira sea verdad. Basta afirmar repetidas veces un hecho incierto, no voy a llamarlo todavía mentira, en el terreno político pongamos por caso, y basta que nuestros seguidores lo crean y lo afirmen con fe. Observemos el hecho atentamente, la transferencia de lo incierto, sabiendo que se miente, a los que lo aceptan como verdad y lo repiten: ignoran que es mentira, ahora ya si debemos llamarlo mentira porque se ha enseñoreado de las conciencias a traición de la incertidumbre. Debería llamarse blanquear la mentira de la misma manera que se llama blanquear a convertir el dinero ganado ilegalmente en legítimo valor de propiedad y riqueza. O a la inversa: gente hubo y yo me cuento entre ellas, que creyó que una mentira lo era hasta que los tribunales de justicia le dijeron que era verdad y en el ánimo se me quedó una congoja que ha secado mi fe en los hombres que quieren hacer de la política su obra de caridad para con los demás. Llegado el momento en que verdad y mentira son la misma cosa, lo incierto ha dejado de serlo y todos, desconcertados, o mejor, concertados cada cual en lo suyo que es solamente un acto de fe, enarbolan su griterío en medio de la sordera general.

He hablado por hablar, sin otra intención que el puro capricho, de la verdad y dios, de la verdad y el amor y de la verdad y los políticos. Y descubro que no me queda nada que sea valorable. ¿Que queda que sea relevante y justifique una buena mentira que ilumine la verdad como ente lejano? A veces la entrevemos en el corazón del bosque o en las llamas que arden en el hogar como decoración y acompañamiento, que la calefacción de la casa es buena, o en un poema que venimos a leer hojeando libros en ese momento en que no nos dicen nada. Pero no sabemos que verdad es o en s búsqueda, palabra por palabra, nos remite a dios, al amor y a la política. Cabe, si todo es eso, optar por la ignorancia. La verdad es que ser ignorante, en el término del conocimiento, es un apacible pasar. Basta con cinco principios, que tienen dos mil quinientos años, que es mucho.

"No temer a los dioses si es que existen: ningún mal nos ha de venir de ellos"
"No temer a la muerte: cuando ella está uno no está, y cuando uno está ella no está"
"Combatir el sufrimiento: la felicidad reside solamente en la ausencia de aquel"
"Cultivar la amistad y mantener a los amigos"
"No intervenir en asuntos públicos en los cuales nuestra presencia no conllevará ninguna solución"

Claro que esto bien podría ser incierto. ¿Cómo saberlo?

21 comentarios:

  1. La verdad y la mentira es un poco como dios, al final esta en cada uno de nosotros, en lo que queramos creer o no.

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  2. Si, suicida..., pero la una excluye a la otra porque no son hechos abstractos, sino ligados a actos concretos. La verdad en si es un absurdo, y por lo tanto lo es la mentira.

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  3. Pero la conciencia de la duda no puede ser mentira. Y entonces, tampoco puede serlo la conciencia de la evidencia. ¿Se puede dudar de algo sin saber con toda seguridad que se está dudando? ¿Y por qué darle más garantías de verdad a la conciencia de la duda que a la conciencia de la verdad? Una vez dije ante un tribunal que la verdad, como el paisaje, es un estado del alma. A punto estuvieron de despellejarme. Su ira me confirmó mi creencia.

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  4. Estoy totalmente de acuerdo en que la verdad es un estado del alma, demasiado cercano a la fe, para mi gusto, pero estoy de acuerdo.
    La conciencia de la duda es un estado intermedio, a veces pienso que se manifiesta casi biológicamente: un gen nos hace dubitativos (es una broma que me hace dudar). La duda emerge de un tropiezo con la evidencia de la verdad y la manifestación nde la mentira. Es el juego simple de Pepito Grillo. Pero la suda, al no ser certeza, no cabe en este blog, tal vez en otro. Porque la certeza de la verdad o la mentira es un disparadero peligroso: el gran alienador de las masas, la fe en la propia verdad se transfiere a la fe en la razón.
    Creo que estoy llendo más allá de mis intenciones.
    Y por cierto, ¿podríamos hacer una lista de las emociones que no son estados del alma? ¿Es esto científico?
    Te agradezco la enorme cantidad de estímulo que me aportas en tan pocas líneas.

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  5. Ud. dijo algo que me interesa: la fe en la propia verdad se transfiere a la fe en la razón
    y en eso reside la diferencia entre mentir o decir verdades, creo yo.
    Como cuando uno ve a quien se miente a si mismo, o cuando uno despues nota que se mintió.
    ¿fue mentira entonces aquello? ¿es más verdad esto ahora?


    Y como no tengo palabras cito a quien dice mejor:

    “Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión sino la verdad. (…)
    Lo único que se puede hacer en el tenebroso mundo del sufrimiento es seleccionar algunos aspectos de él, verlos como si fuesen diferentes y luego definir la diferencia como felicidad. Percibir una diferencia donde no la hay, no obstante, realmente no cambia nada”

    "Las palabras son botecitos que llevan y traen"
    "La mentira necesita del mentiroso"

    "El poder no es sobre dinero o armas...el poder es decir una mentira y que muchos se la crean"

    Si alguien lee el corán, el talmud, el bhagabad gita, la biblia o le dhamapada, y cree que tiene que salir a matar en nombre de Dios ¿quien es el metiroso? El texto o el que lo lee.

    Sinceramente creo que es Ud. filósofo, mejor dicho que hace filosofía.

    Le dejo saludos

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  6. Toc-toc, se puede? venía yo a exponer algo, poco, sobre lo que a mí se me ha dado por creer que es "la verdad", todo sea dicho de paso, y sin pensar en ello, que es como mejor se dicen las verdades. Pues la verdad, creo yo, es aquello que cada uno cree que es verdad.
    Lo siento, (bueno, para no mentir será mejor decir que lo siento sólo un poco o muy poco o casi nada o nada), creo que lo acabo de liar, pero es lo que creo que es verdad. ;-)
    (no sé si lo que he dicho como en broma será algo serio y yo me lo tomo a broma sin darme cuenta de que puede ser serio, ufff, la verdad se me escapa de las manos al mismo tiempo que se me llenan de dudas, y las dudas son verdades? jo!: !!PERO SI HE VUELTO AL PRINCIPIO!!)

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  7. Mar: e3videntemente todo depende del que miente. Hay radica elk principio de todo. En un principio, por bromear, no había ni verdad ni mentira hasta que alguien descubrió que la mentira le hacóia poderoso. Creo que esto es el principio de todo. Quin Shi Huang Ti que fué el primer emperador de China, dijo que el poderoso era el que tenía la facultad de nombrar a las cosas. Es decir, que la verdad o la mentira eran facultades suyas.
    Creo que este post que me ha salido es más para que cada cual lo digiera o lo deje por imposible. Yo no puedo por menos que darle la razón y agradecerle su isita.

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  8. Roma: es que siempre se vuelve al principio. Existe lo veraddero, lo opinable, lo dudoso, lo incierto, lo falso, la mentira, que se yo. Como dice Mar, en cada una de esas palabras se esconde el autor.
    Por ejempolo para mi Dios no es verdad. Es Mentira. ¿Y para otro? Podemos discutir basándonosen nuestros conocimientos y en nuestros convencimientos. ¿Que más da? Dios no es verdad. Dios existe. Ad infinitum.

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  9. Seguramente, este "estado del alma" (perfecta manera de decirlo) se encuentra en los orígenes de la modernidad: diría que es exactamente el estado del alma de Descartes cuando enuncia su cogito ergo sum, afirmación (hija de la duda, por cierto) que poco tiene que ver con la lógica, a pesar del formato "lógico" en que se envuelve.

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  10. Claro, es cuando a través de la duda se evidencia una certeza que se convierte en verdad. Tiene que ver con la convicción, es personal. Por eso es un "estado del alma"

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  11. Cuando se deja de perseguir la zanahoria, el burro queda solo, mira y ve que sólo ha estado dando vueltas alrededor de nada. Si la nada es una noria tendrá agua clara

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  12. Cerillo: sinceramente no entiendo el comentario, o mejor, claro que lo entiendo pero no le veo acomodo a esta entrada. Por erso no puedo escribir más que lo escrito.

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  14. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  15. Supongo que la verdad y/o la mentira, es en gran parte como el jade en la percepción de Tanizaki.
    Imposible de abarcar, ni tan siquiera en un punto temporal y espacial determinados. Como es conocido, para Chateaubriand la mentira no era sino una verdad perfeccionada. Para Pessoa en cambio era una inexactitud.... Pero en todo caso la sombra se muestra y agranda ante nosotros.

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  16. Careiro: la verdad es la suma de verdades de las que uno tiene certezas. La mentira es la suma de mentiras que a uno se le evidencian. Verdad y mentira son paralelos complementarios. Toda verdad tiene su mentira como enunciado y toda mentira tiene su verdad como enunciado. Y existye un tercer conjunto: el de la suma de dudas. Esto en teoría se basa en un solo conjunto sólido: la sula de lo que es, que es verdad, la suma de verdades o cada una de ellas. Claro que está la interpretación de cada uno: el oro sobre el jade tiene tantas percepciones como luces le acarician. Tal vez. Pero cuando hablamos de la verdad hablamos de una irrealidad y por lo tanto de un absurdo porque queriendo que sea no es mientras no esté localizada. Dios es verdad. Dios es mentira. O uno u otro, y aún así conviene matizar. ¿Qué Dios? ¿Un dios creador? ¿Los dioses paganos? ¿Un diosecillo de tres al cuarto? Para mi conviene llegar a tener certezas, que es lo más cercano a la verdad sobre lo que podemos especular. El agua es líquida, pero cuando se congela le hemos cambiado el nombre porque si aceptamos que el agua es sóilida ya no es líquida, y lo mismo con el vapor, que es agua. Pero no existe el agua salvo como líquida, porque en realidad son dos moléculas de hidrógeno por una de oxígeno. Los nombres adjetivan verdades, las acotan.
    Bueno, me he ido a los cerros...

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  17. "Los nombres adjetivan verdades, las acotan". Difícil decir más, con menos palabras. Esta reflexión es una certeza.
    Muchas gracias por el comentario, espero que le llegase el mío sobre Mishima.
    Un abrazo.

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  18. Es muy interesante su reflexión, porque lejos del dogmatismo, tampoco parece admitir al menos en términos generales y en todo caso de modo absoluto el relativismo moral. El ejemplo del agua, y sus denominaciones es muy oportuno, no
    obstante, el estado en el que se encuentre, líquido, sólido o gaseoso, su esencia permanece. Claro que un término como la certidumbre, requiere de por sí, un análisis particular. Por no hablar de conceptos como la verdad y la mentira, de los que tal vez, como indica, sólo podamos tener una
    idea tangencial.

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  19. Me llegó el comentario sobre Mishima y sin evadir la respuesta, no he tenido mucho tiempo para ello. Una razón de orden primordiasl y es que no recuerdo el cuento y no lo encuentro entre mis libros aquí. Tal vez esté en Alicante, donde tengo otra vivienda con libros también. Pero creo que no lo encontraré. Debo sin embargo esperar unos días, y en cualquier caso lo buscaré. Es demasiado cebo para no morderlo.

    Mis reflexiones merecen ir acompañadas del convencimiento, para quienes me leen, que yo reflexiono por mi mismo, por mis lecturas anteriores y dentro de un proceso que llamo "deconstrucción" y que está inspiraado en la idea de desmontar pieza a pieza todo aquel principio adquirido a lo largo de la vida, porque ha sido dado éxplicita o ímnplicitamente, y volverlo a construir a partir de mis certezas desarrolladas apasionada e inteluctualmente.
    Por lo tanto hay que tomarme desde una reflexión personal que no se apoya más que en muletillas de Camus, Arendt, Sartre, Benjamis, algo de Spinoza, algo de Nietzche, y algo más, pero nada en profundidad salvo las mías propias.
    Quiero con esto decir que nada más lejos de mi intención que sentar principios.

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  20. En cuanto al relativismo moral no es que no lo acepte, es que creo que realmente la interpretación es libre, pero no hay que olvidar que la moral es un conjunto de normas emanadas de la convivencia.¿Se puede estar en desacuerdo con todas o algunas? Es evidente, pero es interpretación personal y todo cuanto escribo lo hago desde mi interpretación individual, personal. No puedo, no sabría, escribir desde la sociedad.

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  21. Lo del relato de Mishima, reconozco
    que es una cuestión personal, por supuesto no espero a lo que digo respuesta alguna, menos a apremiar la respuesta, supongo, que entre otras cuestiones, es lo que hace tan particular en el bosque. Es evidente que todos tenemos limitaciones en nuestro bagaje intelectual, y por supuesto un espíritu crítico nos debe guiar, pero aquí como en la Granja de Orwell, unos son más iguales que otros. Lógicamente cada uno extraerá sus propias conclusiones, en mi caso tal vez disparatadas, pero lejos de ser un disvalor, me parece interesante. Así por ejemplo
    la afirmación "Los nombres adjetivan verdades, las acotan".
    Me ha recordado instintivamente al Wittgenstein posterior al Tratado. Es posibible que ni siquiera lo tuviera en mente, esto en mi opinión da más valor a su reflexión. Spinoza, una debilidad personal, al respecto me han parecido interesantes las concisas y en mi opinión certeras referencias que de él hace Schopenhauer en "Fragmentos para la historia de la filosofía", perteneciente a la misma colección que el "Elogio de la sombra".
    No espero contestación alguna, si así fuera, me sentiría incómodo.
    Un abrazo.

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