viernes, agosto 04, 2006

Ser o no ser - II


Piensa que este árbol, cuando estuvo vivo, era otra cosa, y que ahora, seco por causa de una violenta nevada que lo sepultó durante más de tres meses, es dos cosas: un rastro mineral del que fué vivo y un material integrado decorativamente en el centro de un pequeño jardín japonés, amén de un motivo para pensar banalmente en la fugacidad del ser y estar cuando se los contempla integrados en la dimensión del tiempo. Irrealidades al fín que proceden todas ellas de la única que no lo fué, la que estuvo viva y sostuvo una larga agonía indolora e inconsciente sepultado bajo la nieve gélida de dos inviernos atrás.
Dos cosas han sucedido esta mañana cercanas y dolorosas; primero le ha llamado S... para decirle que Togo ha muerto víctima de ese tremendo mal que atenaza a los perros en las glándulas suprarenales y los agosta hasta morir: dulcemente y acariciado por su dueño, mientras reconocido el perro le lamía la mano. Podía haberse muerto de noche, pero ha esperado a la última caricía de la mañana. Togo, pastor alemás hermoso, de cuatro años de edad, era un amigo dependiente del dominante, nervioso, dictatorial y minúsculo Goyerri. Cada mañana esperaba en lo alto de la terraza del Taller donde S... trabaja sus esculturas, y bajaba las escaleras corriendo al encuentro del perrillo: a través de la puerta de hierro se ladraban moviendo la cola. Si salían a pasear juntos, no se despegaban más allá de diez o quince metros. S... le ha dicho "Togo se ha marchado" y así queda, brumoso en la memoría. Negar la palabra muerte no cambia la realidad pero hace que la desaparición sea más indolora.
El otro hecho doloroso ha sido un pajarillo, de los muchos pequeños y atrevidos que en agosto dan los primeros vuelos, que se ha colado por la rendija de una ventana entreabierta y al no poder salir se ha lanzado, justo delante de sus ojos, contra el cristal de otra ventana esperando que en esa mancha luminosa estuviera la salvación y la salida; el choque ha sido tremendo y ha caído fulminado sobre el Bang Olufsen que decora porque nunca se pone en marcha ya, y su caída ha puesto en marcha, activada la célula, la puerta de introducción de los Cd's que se ha abierto con un leve siseo y al cabo de unos segundos se ha vuelto a cerrar, mientras el cuerpo del pajarillo daba dos o tres sacudidas. Lo ha cogido con suavidad y ha visto como iba entrecerrando los ojos hasta que han quedado velados por párpados de plumón como terciopelo. La muerte es un hecho instantáneo, cuando fulmina sin herir y es absoluta. Como cuando cae un obús aniquilador.
Es normal encontrar, cuando se vive en el campo y no ha sido urbanizado salvajemente, de la manera en que se borran los vestigios del monte y sus habitantes y se cubre de cementos y hormigón y manchas de verde decorosamente organizadas, pequeños cuerpos muertos de pájaros, ratones de campo, lagartijas, serpientes; de estas últimas incluso capas de piel como identidades mudadas aunque sean clones de la anterior y prototipo de la siguiente. El otro día, volviendo a casa con Goyerri vió caer del cielo en vuelo torpe y apresurado a un milano pequeño que trató de tomar algo del suelo, y vió saltar al pequeño saltamontes huyendo del pico del milano, que en una segunda acometida, sí lo hizo su prisionero y lo convirtió en proteina de manera inmediata. Estas pequeñas identidades que no aspiran al ser ni a la conciencia, no participan del yo y no son nada hasta que las percibe un homo caminante, le recordaron a esas otras identidades, igual de pequeñas, que un día juegan en las playa de la franja de Gaza o toman un helado en una heladería de Tel Aviv. Nunca serán nadie para quien contempla la foto, salvo que el estremecimiento ante el horror de la muerte vesánica le hará encontrar su yo más sensible e incluso si cabe, más avergonzado. Le gusta la palabra vesanía, que es según el diccionario "demencia, locura, furia" porque es justamente lo que es esta muerte fatal del odio y la crueldad que solamente los seres humanos, ejerciendo de humanidad (no cabe la menor duda que estas cualidades forman parte de su naturaleza y lo han probado sobradamente) son capaces de aplicar a otros seres humanos. La otra, la del bosque, es la muerte dulce de la vida de cada día.
No es hombre dado a la fiolosofía técnica (sabe que esta palabra producirá rubor en quien de verdad sabe y entiende y una sonrisa consmiserativa, pero sabe que nada quita que sean a un mismo tiempo criaturas emocionables y emocionantes, y en esa certidumbre pide perdón y sigue) y si es dado a la reflexión ayudándose de libros, no vaya a descubrir lo que está ya descubierto. Iba a escribir una segunda entrega sobre la identidad pero no sabe cual: el principio de identidad es ser yo mismo, pero también se trata de compartir identidades comunes en términos bien acotados a los que tanto nos está acostumbrando la lectura de los hechos políticos, que son en realidad todos los que se dan en el ámbito de la sociedad de los hombres: así hablamos de una misma identidad nacional (tiene que ser "misma", no cabe la menor duda) o una identidad de intereses, de una identidad de pensamiento y/o de acción, o cultural. La propia identidad primera y nuclear está, o debe estarlo, habitada por las otras identidades coincidentes para a modo de gajos, como en una naranja, organizados entorno a un espacio vacío sin el que la naranja sería imposible, acabar siendo alguien o algo.
Hizo un día, hace ya muchos años, la lista de de identidades que le convertían en culpable a los ojos de los demás y el resultado le anodadó. De aquella relación extraigo conjuntos y dejo a la inteligencia de quienes esto lean el identificar al grupo culpabilizador ante cada uno de aquellos: blanco, hombre, empresario, manager, catalán, europeo, español, marido, padre, capitalista, demócrata, de izquierdas, ateo, cristiano (en lo que la formación común tiene de ello), intelectual (lo intentaba realmente) y algunas cosas más que la premura por acabar este artículo le invita a dejar en teclado. ¿Cómo encontrar debajo de ello el centro nuclear en el que se pueda rastrear al buen hombre que creía ser. Y ¿para quien? No cabe la menor duda, se dijo entonces y lo mantiene ahora, que el pertenecer a un conjunto excluye la buena consideración de sus contrarios y el sello identificador establece una barrera. Por algunas de esas etiquetas muchos hombres han sido asesinados, identificados, establecida su identidad a partir del primer plano de una de esas facetas y sacado de paseo o llevado al paredón o a la tortura o a la ignominia. No es cosa baladí, piensa, escribir así aunque el tono presuponga cierta guasa: mirando unos años atrás, con ese curriculum a cuestas no hubiera sobrtevivivo en la antigua Ferderación Yugoeslava y años más atrás a la guerra civil en España o a la misma Guerra Mundial. Por no ser alto y de piel negra, tal vez se hubiera salvado en Ruanda hace poco años, pero no esteramente seguro, porque al fin todo depende de la piedad o la vesanía de un imbécil con un arma.
Puestas así las cosas, piensa que será cuestión de reformular tantas afirmaciones que el tiempo ha vertido sobre él, para entendernos, que por eso las ha vertido, para simplificar. Y desde luego considera, que tal vez a las tres preguntas fundamentales que parece ser que todo el mundo se hace (él lo duda realmente), y que son ¿quien soy?, ¿de donde vengo? y ¿donde voy?, conteste según las circunstancias sean de ida o vuelta: "Soy Luis Rivera, vengo del bosque de pasear a Goyerri, me vuelvo a casa".

7 comentarios:

  1. Tus textos son un reto: o uno selecciona la respuesta (es decir: decide qué ignorar en su comentario) o si recoge cuanto de sugerente hay en lo que escribes, debería dedicar el día a comentar tus entradas. Así que me quedo con la imagen de la última caricia al perro.
    Creo que por algún sitio dice Unamuno que no se imaginaba un lugar en el cielo sin que estuviera su perro al lado lamiéndole de vez en cuando el envés de la mano. Yo tampoco puedo imaginarme el paraíso sin que mi gata ("Bacallà Salat", se llama) vaya saltando de improviso a los angelotes provocando un revuelo de plumones blancos.
    Una cosilla más: ¡Qué gan invento este de los bloggs! ¡Puedes presentarte en casa de Luis Rivera y no parece que ninguna hora sea inoportuna para la visita, a pesar de andar huroneando entre sus pensamientos!

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  2. Gregorio: Además de ello, tu serás siempre bienvenido.

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  3. Aquí la de los diccionarios imposibles :-) que te lee, aprende y sigue a lo suyo que es intentar pensar dónde ir, cómo y con quién.

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  4. Ana: Una se pone a pensar en eso con seriedad y luego se tercia otra cosa: tiene que ver con la insoportable liviandad (no levedad) del ser.

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  5. Estoy por suscribir enteramente el comentario de gregorio luri, pero, asumiéndolo, añadiré algo más. Me han impactado las imágenes de las muertes del perro, del pajarillo, del saltamontes y de las personas anónimas sobre las que caen bombas en vez de gavilanes. De la maldad humana que sustituye la muerte natural por otro anticipada y cruel. Comprendo que uses el término vesania, pero también debe tenerse en cuenta la codicia y la crueldad, y lo digo para que no recaiga sólo en la locura, como si se tratase de una enfermedad irremediable, la responsabilidad por las matanzas y todo lo demás. Te reconozco en el nombre, en el hecho que vuelvas a casa con Goyerri y vengas del bosque. Pero eso, desafortunadamente, no te protege de esas otras identidades con que te han etiquetado. Saludos cordiales.

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  6. Isabel, tu comentario es muy lúcido, poero al final pienso que no he expresado bien o no has entendido bien. Lo primero será lo más seguro. Me protejo yo de esas identidades para encontrarme, despojado de ellas en todo lo que puedo, que no es ciertamente el 11%, ver mejor, pensar mejor, juzgar mejor como hombre.
    En cuanto a la locura, claro, no es locura sino estrategia política de ambas partes, pero al final parece locura, o cosa de locos.

    Y algo más, hay una frase tuya que me parece admirable y que trasncribo porque siento una cierta envidía al no haberla escrito yo:

    "De la maldad humana que sustituye la muerte natural por otro anticipada y cruel".

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