viernes, julio 14, 2006

El Oficio de Vivir, el Oficio de Morir



Para el oficio de Vivir, que es el arte de sobrevivir al alza, la victoria es fundamental, o la mistificación, o la ocultación de la derrota. Existe una gimnasia mínima que es la sonrisa permanente, el gesto abierto en cualquier parte del cuerpo, la uve en los dedos de las manos y la actitud humillada de la cabeza ante cualquier dios sobrevenido. Existe una sinpiedad en el ejercicio y el gesto de transigir, escuchar y acordar la razón con la que se llegará más lejos con seguridad. No hay fuerza que nos sea enemiga ni voluntad precaria que no podamos hacer nuestra. Somos, como dijo Hamurabi en su código (Epílogo 80) "el rey que está sobre los reyes" en la soledad del espejo del baño o en el caminar bajo la lluvia, en los momentos más inoportunos, cuando la realidad parece que va a trastocar tanto esfuerzo y acabará acogotándonos. Bellos y taimados tomaremos el café con leche de la mañana en cualquier cafetería donde la luz de la barra, ya se sabe, los halógenos zenitales que iluminan la mano y la tostada, compongan mejor el perfil nuestro de cada día. Arriba, arriba, arriba, en la escalera que empieza a las 6,30, en la estación del metro, en la parada del autobús, en el parking donde guardas el coche, en la calle amanecida, en la carretera desierta de luces y llena de ojos de luz que te trascienden, en el vestíbulo de la ciudad en la que abrumas, en las densas esperas divididas en 60 segundos y en las largas estancias en el penal de las horas; arriba si se puede llegar a base de tener el Oficio de Vivir y sobrevivir, esa es la percepción de las cosas, el dolor crujiente de los huesos, el olvido del último sexo anochecido, el vaho de una respiración cercana, la saliva de un beso, la nicotina de un se prohibe fumar, el colapso de una mirada, la semilla de una mirada, el adios impredecible, la teoría del tiempo, no tengo ni un minuto más, tanta miseria. Arriba si se puede estar con cuidado de no romper lo convenido, de respetar el silencio, de callar cuando los demás sollozan, de ver en la nada un brote de seguridad, de esperar ansiosos que el otro te salve del caos, de esperar que el caos te devuelva la cordura y las instrucciones para salir de él, que el caos te deshabite para que puedar erguir la cabeza con el cabello recién planchado. Arriba se puede acceder a través de la puerta de prohibido el paso; arriba se puede entrar a través del precipicio en sombras; arriba se puede acceder a través del desierto: y serás beduino en el asfalto. Solo creerás en la victoria y así salvarás la vida; basta solamente estar atento al chasquear de los dedos para levantar la armadura y sonreir de nuevo.

Para el Oficio de Morir lo conveniente es vivir en la derrota; ni una victoria sobre la mesa. Es tarde ya para empezar el día y el ánimo decae por el peso de las causas perdidas. ¿Quien eres tú? Creo que fuí un rebelde. ¿Sabes decir NO? No. ¿Entonces...? Pero se callar. Cada derrota del hombre que no eres te entristece y construye. Cada fatiga del hombre que no eres te aniquila el coraje. Cada paliza al hombre que desconoces descompone tu cuerpo en mil cristales. Y los cristales duelen: en los ojos marchitos que solamente saben hacer fotografías: cada mirada un clik. En cada pérdida una instántanea. ¿Cuantas caras has visto en las que has reparado con la esperanza de hacer amigos? Has dicho que los cristales duelen, ¿con que derecho? Tienes la suerte inmensa de saber que te duele, de donde viene la tristeza, de donde arrancas impulsiva la risa de la felicidad. En el Oficio de Vivir la risa es un oficio aislado, un hábito, una maestría; en el de Morir es un arte necesario, una ofrenda de cada uno, un dar de si lo mejor que no se tiene. ¿Quien puede reir en el infortunio de los demás? Fíjense bien que no digo del infortunio propoio, sino del infortunio de los demás, ante el que existe la costumbre hija de la cortesía de guardar las formas. Pero la risa está en el fondo del pozo y asciende por la tubería como el petroleo, un rumor profundo, una explosión de goce: la saliva del beso, la caricia maldita, la copa de más, el final infeliz, la muchacha del autobús, el chico del metro, la caricia perdida, la relación inexplorada, la derrota, si se trata de hablar claro se trata de la derrota y con ella el pasmo inicial: siento en el cuerpo el almibar de las cicatrices, dices, el dolor algodón que decae por momentos. Para ser lúcido frente a los demás se exige, perentoriamente, creer solamente en las causas perdidas y fracasar con ellas. En el Oficio de Morir la máquina no es uno sino la desesperación ajena, en producción continua; la máquina es desprecio. Débil como estás deberás bordear los caminos donde los otros te aguardan para pedirte responsabilidad. ¿Cual es tu causa? La de todos los infelices. Un hombre solo es igual a si mismo y por momentos se descompone en múltiples variables. Nadie te ve de la misma manera. Quieres resumirte en uno solo, en una imagen, en un gesto, en una bondad, en un paso único y te demandan todo lo contrario, la fragmentación del cristal del espejo para que seas un poco de cada uno. No olvides el riesgo: con el trozo de cristal del espejo se cortarán el cuello y esres tu contenido, tu fragmento, el propio asesino. Hijo de las tentaciones sabes que has recorrido el camino y has podido evitar cualquier victoria: estás pues preparado.

17 comentarios:

  1. Es buenísimo. Te diría que lo has bordado, pero me da por creer que no es tu intención bordar nada, así que me callo.

    ResponderEliminar
  2. Clarice, no te hagas daño con los cristales, que cortan.

    ResponderEliminar
  3. Roma: no me importa que el estilo satisfaga, a mi el primero, porque escribo buscando una cadencia interior. Es como una música, sabes lo que quieres que suene y sale. Gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar
  4. ¿Conoces el mito del espejo de Dioniso? El dios quiso ver su imagen reflejada en un espejo, pero la potencia de su presencia era tal que el espejo saltó roto en mil añicos y cada uno reflejada el rostro del Dios. Y así se creó el mundo.

    ResponderEliminar
  5. Tendré que volver a leerlo. He perdido el sentido de la orientación danzando entre la brillantez rítmica, me he despistado en el baile de la lectura y he perdido una parte significativa del contenido. Ya me lo decía mi madre, las coas de una en una, y yo cuando bailo, señor Rivera, no tengo neuronas para más.

    ResponderEliminar
  6. Pero baila usted muy bien, señor López Clemente. Le propongo desterrar el señor y el usted para más solemnes ocasiones

    ResponderEliminar
  7. Gregorio: conozco al Dios. Siempre me ha impresionado sua zarosa existencia.

    ResponderEliminar
  8. Gregorio, me he dejado la segunda parte:no conocía el mito y aplicarlo a mi Oficio de Morir lleva a lecturas insospechadas. Me quedo con la idea para despistar a lectores futuros, pero bromas aparte, los cristales y el espejo no son otra cosa que la mirada de los Otros.

    ResponderEliminar
  9. "El oficio de vivir"...estupendo libro de Cesare Pavese que leí hace años, gracias por recórdarmelo...creo que lo releeré...
    Un abrazo!!!

    ResponderEliminar
  10. Vb:
    Las cosas se descubren a través de los recuerdos que de ellas se tienen. Recordar una cosa significa verla, solamente ahora, por primera vez. (1942)

    Es un pensamiento de Pavese, de cuyo libro he tomado prestado el títutlo. El 17 de junio le dediqué una parte de un post. Es uno de mis pensadores magníficos, que son:

    Camus, Hanna Arendt. Walter Benjamin, Isaiah Berlin, Cesare Pavese, Sartre (no totalmente, pero mucho si). Hay más, pero esta es la primera línea.

    ResponderEliminar
  11. Luis
    hoy sólo una frase que me acompaña siempre

    Vivir es el arte de morir y visceversa.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  12. José Antonio: tengo un post memdio preparado en el que saco una vieja idea mía que es cambiar el nombre de vida por muerte, sin el contenido necrológico y puntual, sino con uno vital: "·¿que tal va esa muerte?" " Pues aquí andamos con setenta años y muriendo todo lo que se puede y más."
    A fin de cuentas la vida es el proceso de la muerte. Un reloj de marcha inversa.

    ResponderEliminar
  13. Releído con calma, deglutido y rondando por mi cabeza. Gracias por estas dosis de pensamiento.
    Me ha gustado mucho el título porque aparece la palabra oficio, una palabra en desuso, creo, porque esta ligada al trabajo manual.

    ResponderEliminar
  14. Gracias, Javier. Oficio es entre muchas cosas, pero la primera en el diccionanrio y a la que se refiere este post: ocupación habitual.

    ResponderEliminar